miércoles, 30 de julio de 2014

Los niños estaban solos

   Su madre se había marchado por la mañana temprano y los había dejado al cuidado de Marina, una joven de dieciocho años a la que a veces contrataba por unas horas para hacerse cargo de ellos a cambio de unos pocos pesos.

   Desde que el padre había muerto, los tiempos eran demasiado duros como para arriesgar el trabajo faltando cada vez que la abuela enfermaba o se ausentaba de la ciudad.

   Cuando el novio de la jovencita llamó para invitarla a un paseo en su coche nuevo, Marina no dudó demasiado. Después de todo los niños estaban durmiendo como cada tarde, y no se despertarían hasta las cinco.

   Apenas escuchó  la bocina cogió su bolso  y descolgó el teléfono. Tomó la precaución de cerrar la puerta del cuarto y se guardó la llave en el bolsillo. Ella no quería arriesgarse a que Pancho se despertara y bajara las escaleras para buscarla, porque después de todo tenía sólo seis años y en un descuido podía tropezar y lastimarse. Además, pensó, si eso sucediera, ¿cómo le explicaría a su madre que el niño no la había encontrado?

   Quizás fue un cortocircuito en el televisor encendido, o tal vez una chispa del hogar de leña; el caso es que cuando las cortinas empezaron a arder el fuego rápidamente alcanzó la escalera de madera que conducía a los dormitorios.

   La tos del bebé debido al humo que se filtraba por debajo de la puerta lo despertó. Sin pensar, Pancho saltó de la cama y forcejeó con el picaporte para abrir la puerta pero no pudo.

   De todos modos, si lo hubiera conseguido, él y su hermanito de meses hubieran sido devorados por las llamas en pocos minutos.

   Pancho gritó llamando a Marina, pero nadie contestó su llamada de auxilio. Así que corrió al teléfono que había en el cuarto (él sabía como marcar el número de su mamá) pero no había línea. 

   Pancho se dio cuenta que había de sacar a su hermanito de allí. Intentó abrir la ventana que daba a la cornisa, pero era imposible para sus pequeñas manos destrabar el seguro y aunque lo hubiera conseguido aún debía soltar la malla de alambre que sus padres habían instalado como protección.

   Cuando los bomberos terminaron de apagar el incendio, el tema de conversación de todos era el mismo: "¿Cómo pudo cargar al bebé en su mochila?
"¿Cómo pudo caminar por la cornisa con semejante peso y bajar por el árbol?
"¿Cómo pudo salvar su vida y la de su hermano?".

   El viejo jefe de bomberos, hombre sabio y respetado les dio la respuesta.

   -Panchito estaba solo... No tenía a nadie que le dijera que no iba a poder.

Jorge Bucay, Cuentos para pensar.


sábado, 5 de julio de 2014

El Buscador de Sueños

   ...Ese día ofreció a los presentes el relato de un sueño.

   -Imaginad que camináis lentamente por una carretera blanca que se prolonga hasta más allá del horizonte. Debéis llegar a una localidad lejana y el camino se hace difícil, casi imposible. La carretera se extiende ante vosotros, pero no lográis dar ni un paso.

   De pronto aparecen en el cielo unas nubes bajas que envuelven la llanura en sombras y la carretera blanca desaparece. Os sentís desanimados, atemorizados, no sabéis qué hacer. No podéis volver atrás porque de repente se ha formado un río a vuestra espalda.

   En la otra orilla hay una niña que os llama, os hace gestos para que crucéis. No existe otra posibilidad , de modo que decidís enfrentaros a la corriente.

   Algunos no consiguen imponerse y son arrastrados a lo largo de kilómetros y kilómetros hasta que llegan a un pueblo completamente blanco. Entonces se dan cuenta de que es justo la localidad a la que debían llegar en el sueño y sonríen de felicidad.

   Piensan en los que han vuelto atrás y tienen de nuevo ante sí la carretera blanca que se prolonga hasta más allá del horizonte.

   Al final del relato, Nazareno recordó a los presentes que la decisión y el valor también son necesarios en los sueños.

Romano Battaglia, El buscador de sueños.